Aquella noche decidimos recorrernos la isla volando.
- No vallas tan rápido. - Me dijo gritando a unos 50 metros de distancia.
Yo levitaba lejos, incitándole a venir corriendo tras de mi, y así lo hizo.
Rozábamos todas y cada una de las ramas de cada árbol que se cruzaba en nuestro acelerado camino.
La luna. Allí estaba ella, obligándonos a no querer aterrizar, a no volver a rozar el suelo con los pies.
No llevábamos zapatos ninguno de los dos. Habíamos pasado la noche juntos y para qué utilizarlos si la próxima textura que sentirían nuestros congelados talones sería la de las sábanas de su cama.
Aquella cama...
Tumbamos nuestros cuerpos, acelerados por el viento a medio metro sobre el mar.
Sentí mi cabeza trasladarse a otro mundo.
Lejos de aquel cuerpo que levitaba, erizado y nervioso, temeroso de caer.
Ví mis ojos reflejados en el agua a una velocidad tan rápida que a penas podía tomar conciencia de ello.
Y en lo alto de un mirador, paramos a sentarnos en el aire, a contar estrellas.
1 comentario:
Gé!!
Ya me he hecho un blog :D (al fín...)
http://owlsrainand23.blogspot.com
Publicar un comentario