3.3.10

Dos.

-Hola de nuevo, Leila.
-Buenos dias.
-¿Has comido hoy?
-Lentejas.
-¿Te agradan?
-Mmm...Algo...
-Bien, bien. Bueno, veamos...
-¿Puedo abrir la ventana?, por favor.
-Sí.
(Abre la ventana.)


-Háblame de ese pensamiento Leila.
-¿Cuál de ellos?
-El que no sale de esta habitación. Por el que estás aquí.
-¿Por qué estoy aquí?
-¿Por qué estás aquí?
-No lo sé.
(Silencio)


-¿Estás bien?
-Sí.
-Mientes... y muy mal. La primera norma de esto, es no mentir.
-Es que... no me gustan las verduras.
-Bueno, es un comienzo. ¿Qué sientes cuando tienes que comértelas?
-Impotencia. A veces preferiría estudiar.
-Entonces, no las comas.
-¿Cómo?
-Te mandaré un trabajo, y dentro de dos semanas vendrás aquí y me hablaras de ello.
Me contarás cómo te sientes y, sobre todo, qué sientes.
-De acuerdo.
-Pídele a tu madre que no introduzca verdura en absolutamente ninguna de las comidas que vayas a ingerir.
-¿Es eso bueno?
-No lo sé. Serás tu quien dé la respuesta a eso.

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El cine, el amor. La tierra, las flores, el color verde, la magia. El contratiempo, el desorden. El caos. Las cortinas, el humo, atardeceres, las retinas brillantes. Astro, el sol. La lluvia, pasar frío. Caramelos, momentos. Los vuelos, las caídas, los cuadernos... La imaginación