-Hola de nuevo, Leila.
-Buenos dias.
-¿Has comido hoy?
-Lentejas.
-¿Te agradan?
-Mmm...Algo...
-Bien, bien. Bueno, veamos...
-¿Puedo abrir la ventana?, por favor.
-Sí.
(Abre la ventana.)
-Háblame de ese pensamiento Leila.
-¿Cuál de ellos?
-El que no sale de esta habitación. Por el que estás aquí.
-¿Por qué estoy aquí?
-¿Por qué estás aquí?
-No lo sé.
(Silencio)
-¿Estás bien?
-Sí.
-Mientes... y muy mal. La primera norma de esto, es no mentir.
-Es que... no me gustan las verduras.
-Bueno, es un comienzo. ¿Qué sientes cuando tienes que comértelas?
-Impotencia. A veces preferiría estudiar.
-Entonces, no las comas.
-¿Cómo?
-Te mandaré un trabajo, y dentro de dos semanas vendrás aquí y me hablaras de ello.
Me contarás cómo te sientes y, sobre todo, qué sientes.
-De acuerdo.
-Pídele a tu madre que no introduzca verdura en absolutamente ninguna de las comidas que vayas a ingerir.
-¿Es eso bueno?
-No lo sé. Serás tu quien dé la respuesta a eso.
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