-Hola de nuevo, Leila.
-Buenos dias.
-¿Has comido hoy?
-Lentejas.
-¿Te agradan?
-Mmm...Algo...
-Bien, bien. Bueno, veamos...
-¿Puedo abrir la ventana?, por favor.
-Sí.
(Abre la ventana.)
-Háblame de ese pensamiento Leila.
-¿Cuál de ellos?
-El que no sale de esta habitación. Por el que estás aquí.
-¿Por qué estoy aquí?
-¿Por qué estás aquí?
-No lo sé.
(Silencio)
-¿Estás bien?
-Sí.
-Mientes... y muy mal. La primera norma de esto, es no mentir.
-Es que... no me gustan las verduras.
-Bueno, es un comienzo. ¿Qué sientes cuando tienes que comértelas?
-Impotencia. A veces preferiría estudiar.
-Entonces, no las comas.
-¿Cómo?
-Te mandaré un trabajo, y dentro de dos semanas vendrás aquí y me hablaras de ello.
Me contarás cómo te sientes y, sobre todo, qué sientes.
-De acuerdo.
-Pídele a tu madre que no introduzca verdura en absolutamente ninguna de las comidas que vayas a ingerir.
-¿Es eso bueno?
-No lo sé. Serás tu quien dé la respuesta a eso.
3.3.10
2.3.10
Uno.
-Bien, esto... ¿Cómo te llamas?
-Leila.
-¿Edad?
-Tengo 18 años. Bueno, en realidad los cumplo este año, así que usted decide si anotar que tengo 17 o 18. Pero yo prefiero decir que tengo..
-Shh.
-Lo siento.
(Silencio)
-¿Comes bien?
-Pues, lo cierto es que detesto la verdura...
-¿Te importaría responder, porfavor?
-Sí, como bien.
-Sin embargo, no te gusta la verdura...
-Usted dijo..
-No comes bien.
(Silencio)
-¿Por qué estás aquí?
-Tengo problemas. Creo.
-¿Los tienes ralmente?
-No lo sé. Digamelo usted.
(Silencio)
-¿Qué crees que te sucede?
-Vivo en dos mundos.
-Peero... en ninguno de ellos te gusta la verdura, ¿no es cierto?
-No, en ninguno de ellos.
-Bien, mañana seguiremos hablando.
-De acuerdo. Hasta mañana.
-¡Ah! y... Cena lentejas.
-Las odio.
-Y yo pagar impuestos.
14.2.10
Tengo todo lo que me hace sufrir.
Lloro y me desespero por no poder sobrevivir en mi propia cabeza junto a mi corazón.
Ahí estás tú. Tan cerca...
siempre al acecho de algún nuevo rescate que mi alma te encomiende.
Lléname el sueño de cosas bonitas, brillantes,
de cualquier tamaño, en cualquier color; verde a ser posible.
Quiéreme hasta encontrar la locura,
por que entonces significará que todo esto es lo más cierto que me ha pasado en la vida.
Vida tú. Tu encanto.
Esa razón que hace que no haya razones para notarte cerca, solo sentimientos.
Libres y decididos; siempre seguros de ellos mismos, como el mismo verbo querer.
Querer estar estando cerca, nada mas que una interminable película instantánea de recurdos que solo hacen que... no pueda dejar de pensar en tí. Ni un solo instante.
Lloro y me desespero por no poder sobrevivir en mi propia cabeza junto a mi corazón.
Ahí estás tú. Tan cerca...
siempre al acecho de algún nuevo rescate que mi alma te encomiende.
Lléname el sueño de cosas bonitas, brillantes,
de cualquier tamaño, en cualquier color; verde a ser posible.
Quiéreme hasta encontrar la locura,
por que entonces significará que todo esto es lo más cierto que me ha pasado en la vida.
Vida tú. Tu encanto.
Esa razón que hace que no haya razones para notarte cerca, solo sentimientos.
Libres y decididos; siempre seguros de ellos mismos, como el mismo verbo querer.
Querer estar estando cerca, nada mas que una interminable película instantánea de recurdos que solo hacen que... no pueda dejar de pensar en tí. Ni un solo instante.
8.2.10
Desde que despierta hasta que se acuesta mi tiempo da tantas vueltas empañadas en manillas, que se vuelve vital el no poder dejar de controlarlo. Un cruce de algo pasajero, de películas que no te convencen, de comidas que repugnas, de helados que se te caen, de horas que desperdicias, de palabras mal dichas.
Dichas mis palabras, dejo en manos del sueño el deleite de Morfeo.
Es la una de la madrugada.
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El cine, el amor. La tierra, las flores, el color verde, la magia. El contratiempo, el desorden. El caos. Las cortinas, el humo, atardeceres, las retinas brillantes. Astro, el sol. La lluvia, pasar frío. Caramelos, momentos. Los vuelos, las caídas, los cuadernos... La imaginación